¿Crees que para hacer impro tienes que ser una persona rápida, ingeniosa o explosiva?
Entonces todavía no conoces Slow Impro.
Una forma de improvisar basada en la escucha, la presencia y el descubrimiento.
¿Es Slow Impro para ti?
Slow Impro no es una propuesta para desconectar. Es una práctica para estar más presente.
Hay momentos en los que queremos jugar, correr, reírnos, llenarnos de energía y no pensar demasiado. La improvisación también puede ser eso.
Slow Impro propone otra experiencia: escuchar, observar, aceptar el silencio, quedarse un poco más en lo que está ocurriendo y descubrir la escena antes de precipitarse hacia la siguiente idea.
Quizá no sea la forma de improvisar que buscas ahora mismo. Y no pasa nada.
Pero si tienes curiosidad por descubrir qué ocurre cuando dejas de perseguir ideas y empiezas a escuchar lo que ya está sucediendo, quizá Slow Impro sea para ti.
Entonces… ¿qué hacemos en Slow Impro?
En Slow Impro entrenamos la capacidad de percibir antes de decidir.
Aprendemos a escuchar a la otra persona, al cuerpo, al espacio y a lo que ya está ocurriendo en escena. Trabajamos para no precipitarnos hacia la primera idea y para confiar en que una escena puede crecer a partir de elementos muy pequeños.
No buscamos eliminar la imaginación, el humor ni la energía. Buscamos que no sean una obligación.
Entrenamos, entre otras cosas:
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Escucha y presencia: estar realmente disponible para lo que sucede.
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Silencio: no llenarlo automáticamente; aprender a usarlo.
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Cuerpo y espacio: dejar que una postura, una distancia o un movimiento generen información.
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Relación: descubrir quiénes somos a partir de cómo nos relacionamos.
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Aceptación: trabajar con lo que aparece en lugar de corregirlo constantemente.
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Descubrimiento: permitir que la historia se revele poco a poco.
Cuanto más escuchamos la escena, menos necesitamos empujarla con nuevas ideas.
¿De dónde nace Slow Impro?
Slow Impro nace de mas de 15 años improvisando, actuando y dando clase.
Y también de una incomodidad que fue creciendo con el tiempo: la sensación de que muchas veces corríamos demasiado para encontrar la siguiente idea.
Empecé a interesarme por lo que ocurría cuando dejábamos más espacio a la mirada, al cuerpo, al silencio y a la relación entre quienes estaban en escena.
Poco a poco, esa investigación fue tomando forma hasta convertirse en una manera propia de entrenar la improvisación.
Slow Impro sigue siendo, para mí, una práctica en evolución. Un método que se construye desde la experiencia, las clases, los ensayos y todo lo que sucede cuando alguien se atreve a permanecer un poco más en lo que ya está ocurriendo.






